¿Qué Cadena Necesitás Romper Para Seguir Adelante?

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No todas las cadenas son de hierro.

Algunas no se ven, no hacen ruido y nadie más sabe que están ahí. Sin embargo, pueden sentirse igual de pesadas.

A veces se llaman miedo. Otras veces, culpa, rencor, tristeza o recuerdos que todavía duelen.

Querés avanzar, empezar de nuevo, recuperar la paz… pero sentís que algo sigue tirando de vos hacia atrás.

Y quizás hoy valga la pena hacerse una pregunta:

¿Qué cadena necesitás romper para poder seguir adelante?

Hay cadenas que nadie puede ver

Podés levantarte cada mañana, cumplir con tus responsabilidades, hablar con otras personas e incluso sonreír.

Y, aun así, llevar algo por dentro que pesa.

Tal vez sea una situación que ocurrió hace muchos años. Una palabra que alguien te dijo. Una decisión de la que te arrepentís. Una persona que te lastimó. O simplemente el miedo de que algo vuelva a salir mal.

Desde afuera, nadie ve esa cadena.

Pero vos sabés que está ahí porque cada vez que intentás avanzar, algo parece llevarte nuevamente al mismo lugar.

Reconocerlo no significa rendirse.

A veces, reconocer lo que nos está atando es justamente el primer paso para empezar a soltarlo.

¿Qué es eso que hoy no te deja avanzar?

Pensalo por unos segundos.

Si pudieras ver esa cadena, ¿qué nombre tendría?

El miedo puede decirte que no intentes algo porque podrías volver a sufrir.

La culpa puede hacerte recordar una y otra vez un error que ya no podés cambiar.

El rencor puede mantener abierta una herida causada por otra persona.

El pasado puede hacer que mires constantemente hacia atrás, incluso cuando la vida continúa adelante.

Y la desesperanza puede hacerte creer que nada va a cambiar, aunque todavía existan caminos que no exploraste.

Cada persona carga una historia diferente.

Por eso, quizás la pregunta no sea solamente “¿por qué no puedo avanzar?”, sino:

“¿Qué es eso que todavía estoy cargando?”

Jesús no te pide que escondas tus cadenas

A veces creemos que primero tenemos que resolver todo para acercarnos a Dios.

Ser más fuertes. Tener más fe. Dejar de sentir miedo. Superar el pasado.

Pero muchas historias del Evangelio muestran justamente lo contrario.

Las personas se acercaban a Jesús tal como estaban: con dudas, sufrimiento, errores, preocupaciones y heridas.

Imaginá por un momento una escena.

Intentás caminar hacia Jesús, pero hay una cadena alrededor de tu pie. Avanzás un poco y algo vuelve a tirarte hacia atrás.

Jesús podría simplemente esperarte del otro lado.

Pero, en cambio, se acerca a donde estás vos.

Tal vez esa imagen explique algo importante sobre la fe: no siempre tenemos que esconder aquello que nos pesa para acercarnos a Dios.

También podemos mostrárselo.

Romper una cadena puede empezar con un pequeño paso

No todas las situaciones cambian de un día para otro.

Pero incluso un camino largo puede comenzar con un paso pequeño.

Primero, poné un nombre a tu cadena. Preguntate con sinceridad qué situación, recuerdo o miedo sigue teniendo demasiado poder sobre tu presente.

Después, hablá con Dios sobre eso. No necesitás palabras perfectas. Una oración sincera puede comenzar simplemente diciendo: “Jesús, esto todavía me duele y no sé cómo dejarlo atrás.”

También podés preguntarte:

¿Qué puedo hacer hoy que represente un pequeño paso hacia adelante?

Perdonar puede llevar tiempo. Recuperar la confianza puede llevar tiempo. Cambiar una situación puede llevar tiempo.

Lo importante es no confundir avanzar lentamente con no avanzar.

Una oración para dejar atrás lo que te ata

Jesús, vos conocés mi historia y también aquello que todavía pesa en mi corazón.

Sabés cuáles son mis miedos, mis heridas y las cosas que me cuesta dejar atrás.

Hoy pongo delante de vos esa cadena que tantas veces me impidió avanzar.

Dame sabiduría para reconocer lo que necesito soltar, fuerza para cambiar aquello que sí puedo cambiar y paz para aceptar aquello que ya no puedo modificar.

Acompañame mientras doy el próximo paso.

Amén.

La cadena puede quedar atrás

Ahora imaginá nuevamente aquella escena.

La cadena está rota sobre el suelo.

Delante tuyo hay un camino.

Y Jesús está ahí.

Quizás todavía tengas dudas. Quizás todavía exista miedo. Pero aquello que ocurrió ayer no necesariamente tiene que decidir hacia dónde vas mañana.

Tal vez hoy no puedas cambiar todo.

Pero sí podés dar un primer paso.

Y a veces, un pequeño paso es exactamente donde comienza un nuevo camino.

Si hoy querés dejar algo atrás y seguir adelante, escribí “Amén” en los comentarios.

Miguel Andrade

Miguel Andrade escribe sobre espiritualidad cotidiana, esperanza y reflexiones humanas para quienes atraviesan momentos de cansancio, preocupación o incertidumbre. Sus textos buscan acompañar emocionalmente al lector con palabras simples, cercanas y serenas.

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