Hay temporadas en que parece que todo sale mal al mismo tiempo.
Un problema en el trabajo, una tensión en la familia, un diagnóstico que preocupa, planes que se cancelan.
Como si una ola viniera detrás de otra sin dejar respirar.
En esos momentos, la fe puede tambalear.
Aparecen preguntas incómodas: “¿Dónde está Dios?”, “¿Por qué me pasa esto?”, “¿Sirve de algo seguir creyendo?”.
La Biblia no esconde estas preguntas.
Al contrario, nos muestra a personas que las hicieron y, aun así, siguieron caminando con Dios.
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Un espacio para hacer una pausa, reflexionar y compartir palabras que hacen bien.
Job: la fe en medio de la pérdida
La historia de Job es, quizás, el ejemplo más fuerte.
En poco tiempo perdió sus bienes, sus hijos y su salud.
Sus amigos llegaron con explicaciones que no ayudaban.
Job lloró, se quejó y le hizo preguntas duras a Dios.
Pero también dijo una de las frases de fe más impresionantes de la Biblia: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25).
Job no entendía lo que le pasaba.
No tenía respuestas.
Pero decidió no soltar a Dios.
Su fe no era la ausencia de dudas, sino la decisión de seguir hablando con Dios aun en medio de ellas.
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Habacuc: aunque la higuera no florezca
El profeta Habacuc vivió una época de crisis nacional.
Al final de su libro, escribió una declaración que se volvió un himno para los creyentes que atraviesan tiempos difíciles:
“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18).
Fijate en la palabra “aunque”.
Habacuc no esperaba que todo saliera bien para confiar.
Su alegría estaba en Dios, no en las circunstancias.
La fe no es negar la realidad
Mantener la fe no significa fingir que todo está bien.
No hace falta sonreír cuando estás destrozado ni repetir frases positivas que no sentís.
Los salmos están llenos de quejas sinceras.
Jesús mismo, en la cruz, gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46), citando el Salmo 22.
La fe auténtica puede convivir con el dolor, la tristeza y la confusión.
Es como un ancla: no evita la tormenta, pero impide que el barco sea arrastrado.
Atribulados en todo, mas no angustiados
El apóstol Pablo, que enfrentó naufragios, cárceles y rechazos, escribió: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8-9).
Esta descripción es muy realista.
Pablo no dice que nunca lo derribaron.
Dice que no lo destruyeron.
Hay una diferencia enorme entre caer y quedar en el suelo para siempre.
Prácticas para sostener la fe en tiempos difíciles
1.
Hablá con Dios con honestidad.
Contale lo que sentís, incluso tu enojo o tu desilusión.
2.
Recordá lo que Dios ya hizo.
Escribí momentos del pasado en que viste su cuidado.
La memoria alimenta la fe.
3.
Leé historias bíblicas de crisis.
Job, José, Rut, Elías, David.
No estás solo en esto.
4.
No te aísles de tu comunidad.
Dejá que otros oren por vos y te acompañen.
5.
Hacé lo próximo.
No intentes resolver todo.
Concentrate en el siguiente paso pequeño.
6.
Cuidá tu cuerpo.
Dormir, comer y moverse ayuda a sostener también el ánimo.
7.
Buscá ayuda profesional si lo necesitás.
Pedir apoyo es una forma de cuidar la vida que Dios te dio.
Una oración para los días en que todo sale mal
“Señor, siento que todo se viene abajo.
No entiendo lo que está pasando y tengo miedo de perder la fe.
Te traigo mis preguntas y mi cansancio.
Aunque la higuera no florezca, quiero seguir confiando en vos.
Sostené mi fe cuando yo no pueda.
Recordame que estoy atribulado, pero no destruido.
Amén.”
Una reflexión final
La fe no se prueba en los días soleados, sino en las tormentas.
Y en esas tormentas, muchas veces descubrimos que no somos nosotros quienes sostenemos la fe, sino Dios quien nos sostiene a nosotros.
Si hoy todo parece salir mal, no te exijas tener todas las respuestas.
Alcanza con no soltar la mano de Dios.
Como Job, como Habacuc, como Pablo, podés decir: “No entiendo, pero confío”.
Y esa pequeña confianza, sostenida en medio de la oscuridad, vale más de lo que imaginás.
“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” — Habacuc 3:18
Nota: Este artículo ofrece una reflexión desde la fe cristiana y tiene fines informativos y espirituales; no sustituye el acompañamiento pastoral ni la atención de profesionales de la salud cuando sean necesarios. Consultá nuestro Aviso Legal.
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